Víctor Alonso: "Muchos asesores y expertos en comunicación consideran que la manipulación es legítima"

Víctor Alonso (Barcelona, ​​1993), es el director de Clase Valiente, un documental que indaga sobre cómo se construyen los mensajes políticos en el mundo actual que va cogiendo empuje desde que se presentó a primeros de junio. Aparte de hablar con expertos y de contraponer ideas, el proyecto logró introducir el concepto de Clase Valiente en una campaña electoral mediante acciones a través de los mítines de los partidos, los medios de comunicación y de acciones colectivas, un experimento para ver hasta qué punto el relato de los partidos está blindado y qué opciones tiene la ciudadanía de intervenir en el mismo. El resultado es una hora en la que se deconstruye el mensaje político, y donde se intenta ver por qué se ha llegado a este punto con voces como Owen Jones, Íñigo Errejón, Iñaki Gabilondo y un largo etcétera. Quedamos con Víctor en la Plaza Joanic de Barcelona. Acaba de volver de Madrid y parece que la gira de cines por las ciudades españolas no ha hecho más que empezar.

El documental ayuda a coger perspectiva sobre cómo se gestan los relatos políticos y también sobre la importancia de la comunicación en las campañas electorales y en el día a día. A pesar de todo esto, ¿qué intenciones teníais cuando tuvisteis la idea de Clase Valiente? ¿Qué queríais explicar?

El planteamiento inicial del documental era el siguiente: vivimos un momento donde hay mucho interés por la política, en general, y hay muchos movimientos que han nacido a raíz de este interés; pero a la vez sentimos una desconexión enorme respecto la clase política. ¿Por qué nos interesa tanto la política y nos gusta tan poco lo que dicen los políticos? Pensábamos que esta distancia se debía, en gran parte, al lenguaje que utilizan los políticos. Entonces, lo que pensamos es que si conocíamos mejor sus mecanismos, eso podría ser una herramienta para tomar la palabra nosotros y construir nuestro propio discurso si tenemos claro que los discursos que hay no nos gustan. Quizás es un punto de partida un poco inocente, pero en aquellos momentos éramos estudiantes.

De hecho, la obsesión de todos los asesores en comunicación es hacer llegar el mensaje y muchos testigos que salen en vuestro documental explican que ven la necesidad de simplificar los conceptos que se quieren transmitir. ¿Esto significa que hay algún punto muerto entre emisores y receptores?

Muchos de los asesores y los expertos consideran que la manipulación es una práctica legítima. Es algo que nos sorprendió mucho, pero sí compartimos con ellos la idea de que no se puede demonizar la comunicación. Es decir: ser experto en comunicación no significa necesariamente querer engañar a la gente. La política quiere transformar la sociedad y mejorar la vida de la gente. Y hay una batalla entre diversas posturas sobre cómo hacer que la gente viva mejor. La gente que se dedica a la comunicación política, inicialmente, tenía esta idea. Lo que pasa es que poco a poco, ven como las dinámicas de los medios, y las de la propia política, les obligan a ocultar información o darle la vuelta a la realidad para no salir perjudicados.

¿Dónde queda aquí la ética? Si aceptas que manipular información forma parte de tu trabajo cotidiano, es muy difícil actuar sin tener en cuenta nada que no sean tus propios intereses.

No hay neutralidad. Desde el planteamiento que teníamos al empezar, nosotros pensábamos que la actitud ante la falta de ética o la manipulación debe ser la de tomar la palabra. Empoderarse, que es precisamente una palabra muy utilizada y que puede parecer vacía de contenido, pero sí creíamos en la necesidad de elaborar un lenguaje, y el experimento que hacemos al documental de introducir un concepto apela a la idea de construir un marco propio de lenguaje. No dejes que te manipulen, intenta tener un lenguaje propio para ver la realidad.

En el momento en que la exposición mediática de los políticos es tan bestia da la sensación de que están obligados a construir relato mucho más que a hacer de gestores o de representantes de sus propios electores. ¿El lenguaje se come las ideas?

Yo pienso que las ideas están implícitas en todo el proceso. El control del relato es fundamental, pero a la vez, hemos visto que si no hay ideas detrás y un sistema moral profundo que apele aquello con lo que pueden empatizar los votantes, el relato se percibe como completamente falso. El ejemplo paradigmático es el de "La niña de Rajoy". Fue una introducción forzada en un debate que se notaba que venía de un asesor, pero detrás no había ninguna historia real, no había voluntad sincera de construir nada. Se notaba mucho la prefabricación, y tal y como nos dice el Miquel Iceta en el documental, la ciudadanía tiene más instrumentos de los que pensamos.

Hace gracia porque Miquel Iceta pedía espontaneidad al documental, precisamente antes de hacer una campaña electoral donde hizo de su presunta espontaneidad su bandera. Seguramente poca gente sabía nada del programa electoral del PSC pero todo el mundo sabe que bailó cada mitin Don’t Stop Me Now.

Es un equilibrio complicado: control del discurso versus espontaneidad. Yo pienso que es una de las variables fundamentales donde los asesores pueden dirimir hasta qué punto los candidatos pueden tomar la iniciativa. También hay una habilidad muy especial, que es ser lo suficientemente hábil para simular cosas para que parezcan espontáneas. Barack Obama es un maestro en eso, sabía poner en escena un relato prefabricado y muy pensado a la perfección.

Empezasteis hace tres años el documental. ¿En este proceso qué ha sido lo que más te ha sorprendido?

Iniciamos el proyecto con esta idea naif de ver qué pasaba detrás del escenario, de que se habla cuando se apagan los focos y cuando se alejan los micrófonos. Lo que decidimos es que la manera de anclar un tema tanto abstracto era hacer un experimento nosotros. Y desde el punto de vista inocente de tres estudiantes que no tienen experiencia ni las herramientas necesarias, ver qué pasaría si alguien corriente intentara introducirse en este mundo. A partir de ahí todo fueron descubrimientos, para empezar ya nos sorprendió mucho que la mayoría veía con malos ojos el concepto de clase.

También es interesante ver quién tenía más alergia al concepto, pero la mayoría circunscribían la idea de clase en el siglo XX.

Es sorprendente, todos decían que clase tiene una connotación muy grande. Pero los programas electorales, todo el mundo habla de clase media, lo que no gusta es hablar de clases trabajadoras o clases populares. Nuestra idea no era tener un éxito enorme introduciendo el concepto de Clase Valiente, sino ver y enseñar qué obstáculos nos íbamos encontrando por el camino a medida que avanzábamos. Nos sorprendió mucho ver que el control de la comunicación es menos vertical de lo que parece, esperábamos un control férreo del discurso, y es un proceso bidireccional. La gente se reapropia de los conceptos, cambia el concepto inicial con el que se habían pensado. Es lo que le ha pasado a Podemos con el concepto de casta. La han dejado de utilizar porque se les ha vuelto en contra.

La idea de valentía, que es más ambigua, gustaba más a los asesores con los que hablasteis.

Tiene mucho que ver con la idea de emprender, es curioso pero está en la disputa de estos conceptos amplios la victoria o la derrota de determinadas posiciones. Ahora en Catalunya está pasando con el concepto proceso: puede apelar a un proyecto de cambio, a un proceso de ilusiones colectivas; o puede apelar a un laberinto kafkiano, sin salida. Hay conceptos abiertos que se pueden dirimir en varias direcciones, y quien consiga anclarlos a otros conceptos ganará esta disputa.

Hablando ya del proyecto en sí, ¿cómo ha ido creciendo? Porque esto es un trabajo de fin de grado  de audiovisuales que se os va de las manos.

Sí, comienza como trabajo de la UPF, y a medida que la íbamos elaborando todo vimos que podría llegar más lejos. Cuando Compacto, una productora, entró al proyecto, todo tomó otra dimensión y tuvimos los recursos y las herramientas. La gente tiene interés para ver cómo se construye el lenguaje político, y eso está bien.

¿Y la financiación cómo ha sido?

Inicialmente invertimos nosotros como estudiantes. En el circuito documental es necesario ver si hay interés por ver según qué temas en los cines, y de hecho hicimos un Verkami en la recta final para ver a quién le podría interesar el documental. Este micromecenazgo no fue tanto por el dinero - que también, porque nos sirvió para pagar la postproducción - sino para tener un indicativo sobre el interés que podía despertar un tema como este. Y el resultado ha sido muy satisfactorio.

¿Os sorprendió que una productora apostara por vosotros siendo tan jóvenes y recién salidos de la universidad?

Confiaron mucho en nosotros, estamos muy agradecidos porque sabemos que no es algo habitual. Ahora tengo 24 años, y no es normal que confíen así en ti. En el mundo del cine se deben cumplir muchos pasos y muchos procesos para llegar a las salas. Estamos muy contentos pero nos lo tomamos con mucha humildad.

¿Cuáles han sido los principales obstáculos?

Era un proceso muy difícil, siendo estudiante hay personas que no te conceden entrevistas. También es verdad que cuando teníamos Owen Jones, los asesores de Errejón ya lo tomaron diferente, por ejemplo. Éramos un equipo pequeño, y por un lado grabábamos entrevistas a los asesores y por otra interveníamos en sus actos sin que ellos lo supieran. Tuvimos que vigilar mucho para que no pudieran ver que los que hacían el documental eran los mismos que distorsionaban el mensaje. Ellos tienen el control total, y por eso éramos intrusos en su mundo. Lo han descubierto todo con el documental ya cerrado, y algunos lo han tomado mejor que otros. Y luego está el tema de conseguir hacer llegar el mensaje...

¿Sufristeis por si no salía bien?

De hecho no mucho, porque si nos hubiéramos encontrado que los partidos se blindaban también nos habría servido para explicar cómo se gestionan los relatos. Pasara lo que pasara, nos servía a nosotros para enseñar los procesos internos, y por lo tanto ya era interesante. Otra cosa que hemos visto es que los medios de comunicación tradicionales todavía tienen un papel fundamental. Con las redes sociales se dice que todo el mundo tiene una voz, y quizás es verdad, pero no todas las voces valen lo mismo. Es muy difícil hacer llegar mensajes sin los medios tradicionales. Y ahora, durante la difusión del documental, hemos visto que los medios sirven para transmitir la idea de Clase Valiente. ¡Cuando el concepto ya va asociado al documental! Por lo tanto, el experimento, en cierto modo, continúa.

¿Qué perspectivas de futuro tienes?

Yo ahora vivo en Estados Unidos, y desde la productora Fractal7 queremos tratar la relación entre las historias y la sociedad, cómo el cine debe intervenir en los procesos sociales. Entendemos que el arte debe ser libre y que cada uno debe hacer lo que quiera, pero nos interesa el cine que está implicado con su entorno. Yo, personalmente, estoy estudiando un máster en Estados Unidos y estoy preparando proyectos pero todavía en fase muy inicial.

Por último, te pido que elijas una palabra.

Literalmente. Esta palabra ha pasado a incorporar en su definición en el diccionario el opuesto de lo que significaba en un principio, que es figurativamente. Mucha gente utiliza literalmente en un sentido contrario de lo que significa originalmente, que es una representación estricta de la realidad. Ahora se utiliza en sentido contrario, y pienso que en estos tiempos de post-verdad donde no controlamos el lenguaje, que una palabra signifique lo que quería decir inicialmente al tiempo también significa su opuesto es la mejor metáfora de cómo hemos perdido el control y como cuesta distinguir qué es cierto y qué no.

Texto: Oriol Soler

Fotografías: Albert Gomis

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