Toni Casares: "El gran reto es que la Beckett no se convierta en gentrificadora"

Toni Casares (Barcelona, ​​1965) lleva muchos años al frente de la Sala Beckett. Hace un año, este emblema del teatro contemporáneo alternativo de Barcelona cambió el barrio de Gràcia por Poblenou, y se asentó en la antigua sede de la Cooperativa Paz y Justicia. Allí nos recibe Toni, en un edificio maravilloso que combina los rastros del pasado histórico de la finca con la ebullición cultural que desprende la Beckett más allá de las representaciones teatrales. Hablamos de este nuevo emplazamiento y del fenómeno de la gentrificación en el Poblenou, y también del papel de la dramaturgia en un mundo que, según asegura Toni, está huérfano de relato.

Ahora ya hace casi un año que os mudasteis de Gràcia hasta aquí en Poblenou. ¿Qué ha cambiado desde el traslado?


¡Muchas cosas! De hecho, el proyecto de la nueva Beckett ya lo hicimos pensando y sabiendo que veníamos aquí, y por tanto, intentando que la nueva Beckett sirviera para continuar haciendo lo que ha hecho siempre la Beckett. El proyecto tiene suficiente sentido y está suficientemente consolidado como para que sea importante garantizar su continuidad. La Beckett debe continuar promoviendo un teatro contemporáneo que sea vivo, que esté en evolución permanente y que sirva como lenguaje artístico en los tiempos que vivimos. También debe promover o ayudar a que aparezcan permanentemente nuevos actores y garantizar el relevo permanente de la autoría, de los autores textuales. Servir también de puerta de salida por los autores de aquí a nivel internacional, y de puerta de entrada de la autoría más interesante contemporánea en Catalunya, que sirva para dar a conocer nuevos actores.

¡Son muchas cosas a la vez!


Todo esto es lo que ya hacíamos, algo importante por lo que ha de servir la nueva Beckett es para tratar de relacionar mejor la dramaturgia, el teatro, con el resto de la sociedad. No sólo buscando más espectadores, sino algo que se dice mucho ahora: que la sociedad está muy "huérfana de relato". Vivimos unos tiempos difíciles de explicar. Muchas veces vas a actos tanto científicos como de activismo político y te sientas y dices: lástima que no tengan un dramaturgo. Mirar de conectar los dramaturgos con el resto de la sociedad. Porque los dramaturgos son los especialistas en la construcción de relatos y, por tanto, seguramente tienen mucho que aportar fuera del ámbito estrictamente teatral. Nosotros habíamos detectado que el teatro contemporáneo en los últimos años había vivido en una especie de burbuja endogámica, y queremos reventarla y que este espacio sirva como espacio de encuentro entre el teatro y la filosofía, la antropología, la ciencia, la activismo ciudadano...

En relación a esto que decías de que la dramaturgia vuelva a encontrar sus vínculos con la sociedad, los ciclos temáticos han sido el vínculo con este espacio, las migraciones y la deconstrucción de los géneros. ¿Por qué escogisteis estos temas?


Nuestra intención es invertir lo que se suele hacer en los teatros, normalmente se programan espectáculos y alguna conferencia como actividad complementaria. Casi estamos hablando de invertir un programa: ciclos de debates sobre temas y acompañarlos de espectáculos. ¿Cómo buscamos y elegimos temas? Pues escuchando tanto a los creadores como a los debates públicos que hay en la calle y, por tanto, muchos de los ciclos surgirán a partir de la cantidad de propuestas de espectáculos que recibimos que, a veces, los pones encima de la mesa y hay muchos que tocan el mismo tema. Porque es importante e interpela a la sociedad. Y entonces aquí sale un ciclo. Ha sido muy claro con el tema de las migraciones, de repente 50.000 propuestas de espectáculos sobre refugiados, migraciones... Pues vamos a cogerlo seriamente, vamos a hablar de ello, no sólo desde el punto de vista artístico sino que invitamos especialistas que aporten su punto de vista y que los artistas puedan hacer dialogar a sus espectáculos y, si estamos a tiempo, incluso mejorarlos o madurarlos gracias al contacto con especialistas.

¿Habéis conseguido romper esta burbuja endogámica de la que hablabas antes? Es decir, ¿con estos ciclos vais consiguiendo que llegue público inesperado?


De entrada hay que conseguir que los dramaturgos no tengan suficiente con su parte intuitiva para hacer un espectáculo, sino que realmente dialoguen. Dentro del ciclo de las migraciones hicimos un encuentro entre dramaturgos y gente procedente de la inmigración de diferentes épocas, tanto de esta última hornada de refugiados como de migraciones anteriores. Pasó igual con el primer ciclo, el de la memoria de paz y justicia.


Que tenía que ver con el uso de este edificio, que era una cooperativa del barrio.


Nos interesa mucho que los ciclos no se acaben en sí mismos sino que tengan continuidad. El ciclo de memoria de paz y justicia fue en octubre e invitamos antiguos cooperativistas que habían estado en este espacio, que lo habían vivido y llenado de sentido. Nos contaron anécdotas, historias que habían pasado aquí. Entonces, ayer y anteayer se hizo un espectáculo de microteatro, piezas breves de teatro itinerante por todos los espacios del edificio con 15 obras breves inspiradas en las historias de los antiguos cooperativistas. Claro, el público eran ellos mismos, y se produjo una catarsis. Es este tipo de cosa lo que estamos buscando.

¿Y cómo enfocáis el ciclo de género?

La idea era que los dramaturgos jóvenes tuvieran mecanismos para encontrar rastros de la mochila machista que todos llevamos a su propia obra y que esto sirva para enfocar la creación de nuevas obras siendo conscientes de ello. Que los dramaturgos y dramaturgas se miren más a la hora de escribir sabiendo que tienen una responsabilidad en la creación de estereotipos.

¿Cuál fue su respuesta? Porque entiendo que hacer una revisión autocrítica de la propia obra no es sencillo.


En este ciclo concreto ha sido menos palpable la respuesta. Ha tenido más que ver con gente procedente del guión, han hecho análisis sobre guiones de series que se están viendo ahora… y ha sido menor el volumen de gente que han venido dispuestos a analizar su propia obra. Del ciclo de género saldrá algún laboratorio de cara a la próxima temporada.

Todo esto que me has estado contando ahora, esta perspectiva muy integral del teatro, que no se queda sólo en la escenificación ni en la representación ni en la obra en sí sino en todo lo que le rodea - el papel que tiene la dramaturgia en la ciudad, como interpela a la sociedad -, ¿cómo la has ido construyendo a lo largo de los años?


Básicamente escuchando y dialogando. Cuando mis hijas me piden en qué consiste mi trabajo, dirigir un teatro, pues es escuchar creadores y espectadores y de las conversaciones con esta gente sacar ideas para hacer actividades. Escuchar mucho, leer mucho, y una palabra clave: dar confianza. Damos confianza y generamos autoconfianza. Que a la gente que venga a hacer cursos le sea fácil sentirse capaz de ofrecer cosas y proponer cosas. Después, depende de la época, es más o menos fácil dar el paso de hacer un curso a tener una obra programada. A veces es muy teórico y la práctica cuesta más. Esta idea de generar usuarios, por decirlo de alguna manera, sin generar familias, es lo que más me obsesiona y es lo que he intentado aprender durante todo este tiempo.

Pues ya ni te pregunto por las expectativas de futuro inmediato porque supongo que es ir prolongando esta idea en el tiempo.


Aún no ha llegado el día en que yo decida qué quiero hacer cuando sea mayor. Es decir, no lo sé, yo estoy aquí, es verdad que hace mucho tiempo que estoy. También algo en lo que insisto mucho es que la Beckett, de momento, no es un teatro público, es un teatro privado con mucha ayuda, que se le ha reconocido un interés público pero no lo es. Yo creo que el carácter privado es importantísimo que lo pueda mantener. Porque si esto se convierte en teatro público, inmediatamente se incrementa el presupuesto, se triplica. Por lo tanto, es importante, también en este sentido, mantener un equilibrio. Lo que ha pasado ahora con la Beckett, con este crecimiento, es que hemos hecho una cosa que no existía, que no es un teatro público, ya no es un teatro alternativo y tampoco es un teatro comercial, es un híbrido que también es el que lo hace interesante.


De hecho en una entrevista hacías una reflexión del momento en que las instituciones entraron a formar parte de los teatros, cuando empieza el TNC, incluso cuando empieza TV3. Decías que esta institucionalización había ido en detrimento del teatro alternativo e independiente. ¿Ahora en qué punto crees que está?


Por un lado, los recortes se notan a un plazo medio, yo creo que las consecuencias de los recortes se están notando ahora. Nada es porque sí, precisamente ahora se esté detectando un problema fuerte de falta de lugares donde se desarrollen proyectos de creación. Que los espacios que generaban creación hayan tenido que rebajar su presupuesto y su capacidad de producir tiene consecuencias en el talento en general. Surgen menos autores, menos creadores porque hay menos espacios donde probar. Aparte, todas las políticas afectan a la política cultural. El hecho de que las compañías no puedan alquilar espacios en el centro de Barcelona porque los alquileres se han disparado de la forma en que lo han hecho, incide completamente en el estado de salud de la creatividad. Una frase que digo mucho es: quizás debemos dejar de plantearnos tanto qué políticas culturales se deben hacer en la ciudad, y más plantearnos como culturizar las políticas en general.


Ahora habéis llegado aquí al Poblenou, que es quizá el gran barrio popular que se está gentrificando más junto con Sant Antoni. ¿Cómo vivís este aumento de los alquileres del barrio y cómo se ha adaptado la Beckett?


Lo importante es que el Poblenou todavía mantiene una actividad asociativa y vecinal importantísima, tanto cultural como política, ciudadana... Entonces, por ejemplo, nosotros tenemos la suerte de que este edificio estaba cayendo, se estaba deteriorando, y fue gracias a la presión de los vecinos que el Ayuntamiento lo compró. Una vez comprado los propios vecinos hicieron presión para que es dedicarse a un uso cultural. Por lo tanto, hemos sido recibidos con alfombra roja por el propio movimiento vecinal.


Tras ser expulsados ​​de Gràcia, si no me equivoco, por Núñez y Navarro.


Exactamente, expulsados ​​no directamente, porque el planteamiento de Núñez y Navarro era cambiar las condiciones de arrendamiento y, por tanto, ponernos el precio que teníamos firmado el 89 con unos términos distintos. El gran reto es que la Beckett no se convierta en gentrificadora, eso es importantísimo. Por ejemplo, a mí me hace sufrir mucho el bar que hemos abierto, porque está funcionando de maravilla y los camareros que lo llevan entienden muy bien cuál es la filosofía de la sala. De momento viene gente del barrio y hay vecinos, pero esto, a la mínima que se convierta en un espacio atractivo turísticamente correremos un riesgo enorme. De momento nos estamos manteniendo en una tesitura interesante, es un espacio querido por la gente del barrio, viene la gente del barrio a usarlo y en eso estamos.


Por último, te pido que elijas una palabra.


Confianza. Para mi confianza - no sólo a efectos del funcionamiento de la Beckett y del porqué de la Beckett, sino a nivel social - creo que es una palabra que sirve para batallar contra el miedo, que es una de las cosas que más nos está reteniendo o inmovilizando. Confianza unos en los otros y confianza en nosotros mismos.

Texto: Oriol Soler

Fotografías: Albert Gomis

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