Ramon Mas y Ricard Planas: ”La manera de funcionar de las grandes editoriales tiene que cambiar”

Ramon Mas (Vic, 1982) y Ricard Planas (Barcelona, 1981) son los fundadores de la editorial independiente Males Herbes, que nació en 2012 como continuación de la revista Les Males Herbes. Cinco años después, el proyecto contiene un catálogo con cerca de 50 títulos, y disfruta de una salud literaria envidiable. En la conversación que se presenta a continuación, Ramon y Ricard repasan este frenético lustro que han disfrutado al frente de Males Herbes, y analizan la situación editorial de nuestro país de manera desacomplejada.

En 2010 empezasteis la revista Males Herbes y en 2012 decidisteis ensanchar el proyecto creando la editorial Males Herbes. ¿Qué os trajo a iniciar esta aventura?

Ricard Planas: Hacer una editorial era un sueño de universidad. Y la revista fue un proyecto previo.

Ramon Mas: Sí, siempre lo habíamos dicho. Ricard estuvo un tiempo viviendo en China y cuando volvió yo ya tenía la revista montada. Entonces, cuando decidimos crear la editorial aprovechamos el trabajo que habíamos hecho durante dos años con la revista. Vinculamos los dos proyectos porque con la revista ya teníamos una base hecha. Habíamos conocido muchos autores, era una revista de ficción, etc.

Este año celebráis el quinto aniversario del nacimiento de la editorial. ¿Habéis conseguido lo que os propusisteis cuando la pusisteis en marcha? ¿Qué balance hacéis?

RP: El balance literario es bueno. Hemos hecho lo que hemos querido, hemos descubierto cosas buenas. Estamos bastante orgullosos del catálogo que hemos hecho hasta ahora. Era más o menos lo que esperábamos, y mucho más, en muchos sentidos. A raíz de la revista hemos encontrado escritores que no conocíamos y que han pasado a ser escritores de la editorial.

RM: Creo que es un catálogo de mucho nivel. Una de las creencias que teníamos era que pensábamos que había autores contemporáneos que escribían en catalán que estaban haciendo cosas potentes y que no estaban saliendo porque el único criterio para sacar gente nueva era comercial. Y en este sentido estamos satisfechos. Existen. Y otras editoriales están haciendo lo mismo, y ahora parece que hay una generación nueva de escritores en catalán, que no es que sea nueva, sino que ahora hay editoriales que los publican.

Lo que habéis hecho ha sido darles voz...

RM: Exacto. Existir han existido siempre. Y seguramente ha habido generaciones de escritores que se han encontrado sin editoriales dispuestas a darles voz. Al menos en los últimos años.

RP: Tomar algún riesgo. Es más fácil escribir y publicar de manera diferente, no comercial, ahora que en los años 90.

¿Por qué creéis que ha sido, precisamente ahora, que han empezado a surgir todas estas editoriales pequeñas e independientes en catalán, como la vuestra, que están dando voz a todos estos autores que comentábamos?

RM: Porque hay espacio.

RP: Porque las editoriales catalanas grandes ahora forman parte de Planeta y no toman los riesgos que seguramente tomaban antes, y ha quedado todo un espacio que se podía llenar.

RM: Claro, Edicions 62 se había comido cualquier editorial con vocación literaria de los últimos 30 años. Entonces, 62 pasó a formar parte de Planeta, y de repente quedó todo un espacio que estamos ocupando las editoriales pequeñas. Y había espacio y esto lo vio mucha gente a la vez. Porque como lectores teníamos que leer en castellano porque no encontrábamos referentes en catalán.

Es curioso que tengáis que ser vosotros quienes tomeis los riesgos de publicar autores principiantes, y no las grandes editoriales que, a priori, no tienen las dificultades económicas que vosotros sí que tenéis.

RP: A ver, les supone pagar muchas nóminas.

RM: Pero fracasan con muchos libros. A ellos, fracasar con un libro no les supone el golpe que nos puede suponer a nosotros.

RP: Sí, fracasan con muchos libros, pero seguramente no piensan que fracasarán.

RM: Claro, son libros que la perspectiva es vender unos cuántos miles. Pero, claro, tienen que pagar unas infraestructuras, etc.

RP: Esto nos lo encontramos. Hay libros que publicamos que somos conscientes que son difíciles de vender porque nos lo dicen los libreros. Es complicado llegar al cliente, al público masivo.

¿Cómo se  llega a este público de masas? ¿Cómo acercas a la gente estos libros que sabes que son difíciles de vender?

RM: Porque hay un público lector. Y hay libreros que les gusta un tipo de literatura menos fácil. Hay lectores exigentes. Existen estos lectores. Simplemente tenemos que ir a buscarlos. Tienen que ir saliendo y se tienen que ir acostumbrando a leer en catalán. Pero no es tan extraño. Hay muchas editoriales en castellano que lo han hecho durante años y tienen lectores. Y son editoriales de solvencia contrastada. Simplemente es ir haciendo catálogo e ir mostrando que hay literatura buena que no es novela histórica, ni familiar, ni sobre la Guerra Civil, ni esta novela oficial catalana de Sant Jordi que es políticamente correcta, que no es transgresora en nada, etc. Estos lectores existen.

RP: También es un tema de cifras. Nosotros de un debutante vendemos 700 ejemplares. Está muy bien. Claro, 700 ejemplares, para una editorial grande... Ya no se meten. No lo ven claro. ¿Por qué? Seguramente por todo lo que tienen que pagar. Esto de las nóminas no era broma. Quizás un fracaso para una editorial grande son 2.000 ejemplares. No les sale a cuenta.

Hablabais antes del papel de las librerías y los libreros. ¿Cómo de importante ha sido el papel de pequeñas librerías locales e independientes en el auge de todas estas editoriales?

RM: Las librerías son la clave. Es la gente con quien confías. Son gente que conocen su trabajo y que son libreros-autores. Eligen los libros que tienen en su librería. Cuidan los libros que les gustan. En el fondo somos todos lectores. Si a un librero le gusta mucho un libro o una editorial, puede hacer de aquel libro un Best seller en su librería.

RP: Si el libro que publicas no está en la mesa de novedades, está muerto. Es tan triste y tan patético cómo esto. Tienes que estar en la mesa, tienen la sartén por el mango.

RM: Estas librerías son las que nos producen la mayor parte de ventas al año.

Males Herbes nació en un contexto de crisis, donde el sector editorial sufrió bajadas hasta el 2015. ¿Cuál ha sido el secreto para subsistir?

RP: Esto tiene que ver con lo que decíamos de las cifras. ¿Qué te supone vender 500 o 2.000 ejemplares? ¿Y las expectativas? Las nuestras, al inicio, eran bajas. También hay que tener en cuenta que cuando se analizan las cifras normalmente son las de las editoriales grandes. Esto lo hablábamos con Raig Verd y Periscopi, nosotros vamos al alza en momentos en que ha habido una crisis bestial y lo predominante era ir a la baja.

RM: La manera de funcionar de las grandes editoriales tiene que cambiar. Tiene que haber un cambio de paradigma. Las editoriales grandes requieren mucha gente, tienen 10.000 departamentos internos que tienen que cobrar... Estas nuevas editoriales trabajamos desde casa o tenemos un despachito, y los departamentos somos nosotros. Por lo tanto, si entre una o dos personas lo tienes que hacer todo, la perspectiva no es crecer sino sobrevivir. Antes las editoriales se forraban. Nosotros no pensamos en forrarnos. Ni se nos pasa por la cabeza.

Teniendo en cuenta todo lo que comentáis, a mí, lo que me viene a la cabeza es precariedad. Por lo tanto, editoriales pequeñas e independientes, pero, ¿precarias, también?

RM: Sí. Absolutamente. Pero es que la precariedad es el contexto. En tiempo de crisis la precariedad es una cosa que se da por hecha.

RP: Mi secreto es crearte tu propia precariedad. Mejor que trabajar para otros, ¿no? Ser precario lo tienes que ser siempre. Es un poco nuestra reflexión.

Entonces, ¿el modelo tiene que ir hacia aquí? En el sentido que explicabais que el modelo tiene que cambiar de paradigma y asemejarse al de las nuevas editoriales.

RP: Sí. Pero lo es todo el país.

RM: Económicamente, eh. Creo que hacen falta años para consolidarlo todo. Los catálogos van creciendo, cada vez hay más lectores que confían, etc. No es lo mismo tener un catálogo de 5 años con 50 libros que de 10 años con 100 libros. Habrá mucha más gente que haya entrado en la editorial y haya entendido el concepto y el tipo de literatura que se hace. Tú si te enamoras de un libro de una de estas editoriales, le coges cariño, te lo miras de otro modo... Y esto es un trabajo que se tiene que ir haciendo. Estar allí durante tiempo, sobrevivir.

¿El secreto para poder subsistir todos es la especialización de cada sello?

RP: Yo creo que sí. Y faltan muchas líneas todavía para explorar. Mira el mundo editorial independiente en castellano. Las que sobreviven son las que se han especializado.

RM: Claramente. Librerías especializadas y editoriales especializadas. Además, en catalán hace mucha falta poder leer cosas TOP. Evidentemente, no todos los libros, pero si tener libros en catalán de todos los tipos de literatura.

En vuestro caso, desde el inicio teníais muy claro que queríais publicar: obras narrativas no-realistas, ciencia ficción, sátira, etc.

RM: Sí, porque esto se estableció con la revista. La revista tenía que ser de terror y ciencia ficción pero no lo fue porque las aportaciones que recibíamos tenían una visión de la literatura fantástica muy literaria, pero también muy cercana al absurdo, a la sátira, experimental, etc. Y entonces, cuando empezamos la editorial ya seguimos este camino. Simplemente no realismo social. Porque pueden haber cosas que sí que pueden ser reales, pero son tan crudas... Siempre decimos que es un poco el criterio del Festival de Sitges.

Una de las especializaciones que parece que cuesta publicar es el ensayo. ¿Por qué creéis que es así?

RM: No hay ayudas, y supongo que el ensayo siempre ha dependido mucho de ayudas. Y a parte, la mitad de ensayos que se publican son sobre la cosa catalana... También porque asegura ventas.

RP: También pasa que el ensayo se paga. Se tiene que pagar al especialista o el académico a quien se encarga el libro. Hacer un ensayo en el fondo es como hacer un doctorado. No es lo mismo que presentar una novela.

RM: No tendría que ser lo mismo. Con la novela está muy asumido que el autor no  sacará dinero.

RP: Creo que lo que falta son editoriales universitarias. Ya lo hace Bellaterra, y lo hace muy bien, pero faltan más editoriales universitarias. Es una cosa muy anglosajona. Las cosas específicas las hacen las universidades. Pero, claro, esto es dinero público. Yo no soy demasiado optimista.

Uno de los aspectos relevantes es que editáis en catalán. ¿Es por compromiso con la lengua, por la necesidad de ensanchar el lector en catalán, o sale de forma natural?

RM: Porque pensamos en catalán. Sale solo. También tiene que ver con lo que decíamos antes, había un nicho de mercado. Hacerlo en catalán es mucho más divertido, porque tiene un punto aventurero. Hay mucho camino para recorrer y te lo pasas muy bien. En castellano ya se ha hecho todo.

¿Se tiene que acostumbrar el lector a leer en catalán? Mucha gente catalanohablante tiende a leer en castellano...

RM: Nosotros hemos tenido que hacer este cambio. La única manera de cambiarlo es creando más oferta en catalán. Garantizando que la traducción es buena y que lo leerás en un catalán que tú hablas, no aquel catalán, a veces rancio, que antes se usaba en las traducciones. Y que encuentres lo que te interesa.

RP: La traducción en catalán, no diré que es mucho mejor, pero pasa por unos filtros populares muy chungos. Que en castellano no pasa. Catalunya es un país de filólogos. Y hay muchas críticas a la traducción catalana que con el castellano no pasa. Tenemos una hipersensibilidad. Y esto, en parte es bueno.

Para acabar, os pido que me digáis vuestra palabra preferida.

RP: A mí me encanta la palabra deserción. Porque es compleja, ¿no? Por ejemplo, en una novela. Preferiría mil veces leer una novela de un desertor que de un héroe.

RM: Yo soy más de conceptos que de palabras. Por significado diré entropía. Pero, como palabra y por sonoridad, pampalluga.

Texto: Pau Franch

Fotografías: Albert Gomis

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