Ramon Besa: "Me lo he pasado muy bien, pero soy un derrotado"

Cuando termina la entrevista a Ramon Besa (Perafita, 1958) y salimos del ascensor de la sede de El País en la calle Casp, fotógrafo y redactor resoplamos. Ha sido una hora densa y compleja en la que Ramon, cronista del Barça por excelencia y maestro de periodistas deportivos desde hace años, ha hecho un análisis de la degradación del periodismo deportivo, del papel de El País en la crisis de los medios y de su propio papel en este entramado - "quizás me iré a Perafita a leer, mirar y hacer cosas que no tienen nada que ver con lo que estoy haciendo ahora" - que hay que leer, releer e interpretar. Gafas redondas y cara redonda, nos recibe temprano una mañana lluviosa de octubre en la redacción, y se acelera a medida que avanza la conversación. Lleva una libreta que acabará llena de rayas, círculos, números y tachaduras, y que utiliza como vía de acción expresiva y no como soporte de apuntes. Ramon, aparte de ser el jefe de deportes de El País en Cataluña es uno de los pocos creadores del relato del Barça en césped y despachos, como equipo y como símbolo, y nos da una clase magistral durante la hora de conversación sobre la historia del club. Lo más importante: sin suficiencias, con una autocrítica casi feroz hacia él mismo y rezumando honestidad a cada respuesta.

Hace cosa de un año hiciste un artículo en el que contabas cómo el Barça os ha ido alejando progresivamente en los últimos años: menos entrevistas a jugadores, ninguna a los entrenadores, sesiones a puerta cerrada... Y decías que el club ya no necesita cronistas, que entre los departamentos de prensa y las redes sociales ya tiene más que suficiente. ¿Cuál es vuestro papel en el club y qué relación se establece con los periodistas si ya no te necesitan?

Agenda. Nuestro papel es hacer agenda, decidir si vamos o no vamos. Ellos reparten el pienso para todos, la comunicación corporativa funciona como un reloj y tú ahora puedes hacer un diario sin salir de la redacción: rueda de prensa, desayuno informativo, presentación... Todos hacemos la misma información, y toda controlada por el club . Es muy difícil salir de este círculo y cada vez el acceso a las fuentes es más complicado, por eso el periodismo ha degenerado mucho y no hay noticias que nos puedan sorprender.

El papel de los clubes en esta degeneración del periodismo es evidente; ¿cuál es el papel de los periodistas?

Nos hemos acomodado, y ya nos va bien. Nadie nos regaña, estamos en una rotonda en la que todos damos vueltas, si tú vas a una rueda de prensa y tomas notas o cortes de voz parece que ya hayas hecho tu trabajo. Es un espíritu muy pobre, hay que ser transgresor y buscar otros puntos de vista pero a la vez, si te alejas de la normalidad te miran como a un extraño, como si vinieras a molestar. El periodista necesita espacio y tiempo, y hemos perdido las dos cosas. La única esperanza sois la nueva generación. El otro día leía un artículo que clasificaba los periodistas en tres generaciones: una que ya está jubilada o prejubilada, que era una gente con mucho conocimiento y que han prescindido de ellos. La segunda es una generación que no acaba de jubilarse pero que ve las nuevas tecnologías con cierto recelo, y la tercera son los jóvenes que tienen que ver qué hacemos con todo esto. Lo que debe pasar es que las empresas periodísticas estén dirigidas por periodistas, eso es lo más importante. Los que hacemos periodismo en el Barça somos prisioneros del éxito del club, y también cómplices de esta edad dorada. Cada día me acuerdo de la frase de Enric González donde explica que el periodismo deportivo masturba al lector. La crisis del periodismo no es sólo por culpa del modelo de negocio, nosotros también somos culpables.

También hace unos meses escribías que estabas harto de seguir noticias que te quedaban lejos, que cada vez sentías más la necesidad de volver a los deportes del Lluçanès, a la proximidad. ¿Persiste este sentimiento? ¿Cómo lo gestionas?

No es sólo a nivel deportivo, a mí me reconcilia con el periodismo el hecho de hacer periodismo de proximidad. Cuando trabajaba en El 9 Nou había la posibilidad de encontrarme con el delantero centro del Manlleu por la calle y yo le había puesto a parir en mi crónica si había sido valiente. Esto te hace sentir el periodismo de verdad: ¿te atreves a mantener el discurso? ¿La empresa te deja? En cambio, el periodismo de ahora es de distanciamiento, si le digo a Messi que es un petardo no pasa nada, ahora me conoce un poco pero durante muchos años no me ha conocido, y por lo tanto no pasa nada. ¡Nada! No hay consecuencias, estamos acostumbrados al periodismo de televisión, hemos perdido la militancia activa, y lo que hay que hacer es ir a los lugares y hacer periodismo de calle. Pero entre los comunicados, las redes sociales y los mails todo es mucho más fácil, nos acomodamos y hacemos informativos y diarios sin salir de la redacción.

¿Qué deberíamos hacer entonces?

Hay que volver a los orígenes, a la esencia, cosa que yo ya no puedo hacer porque soy socio del Voltregà y del Manlleu, y por lo tanto no haré información de estos clubes. Yo no soy socio del Barça, quiero que gane el Barça y no me escondo, pero no soy socio, es mi código. Eso sí, volver a la esencia significa cobrar menos dinero y pasarlas más putas, ¡y eso ya es tocar hueso! ¡Porque los periodistas hemos vivido de puta madre!

Esto también va por generaciones.

Totalmente. Recuerdo cuando empecé a colaborar en Mundo Diaro, que se hacía cola para cobrar, y el séptimo de la cola a veces ya no cobraba. Y nada, a casa sin sueldo. Yo quería ser periodista por bohemio, para ir a los lugares, tenía punto de borracho, de crítico. ¡No quería ser periodista para hacerme millonario o ser famoso! Hemos perdido el carácter romántico del periodista, nadie se mata para escribir bien o hablar bien. Mira, te voy a poner un ejemplo.

Adelante.

Entre los 70 y 80, la mayoría de periódicos no admitían más del 40% de publicidad, porque creían que un diario no debía tener más anuncios que información. Alguien les dijo: "ustedes están muy equivocados, si destinan más espacio a publicidad podrán pagar más a los redactores y deberán rellenar menos páginas, por lo tanto menos trabajo". ¿Cómo no habíamos caído en esto? Más tarde volvieron a venir los mismos señores, y dijeron: "ustedes deben dar productos que supongan un valor añadido a los lectores. Libros, discos... Y admitir más publicidad. Serán más poderosos y venderán más periódicos". También se hizo esto. Diez años más tarde, viene un tipo de una escuela de negocios y dice: "ustedes en El País son unos esnobs, deben vender ropa, neveras, ¿qué es este acomplejamiento de vender sólo libros y discos?”. ¿Qué ha pasado ahora? No llegamos al 30% de publicidad, y el negocio se ha ido a la mierda.

¿Y los periodistas? Coche, piso, segunda residencia, famosos. Somos cómplices. Nadie se quejó, ningún comité se quejó. ¿Por qué? Nos ha ido de puta madre, hemos vivido una edad de oro. Damos la culpa a las tecnologías, a las nuevas generaciones, a los dueños de las empresas. Pero somos cómplices. Y volver a la esencia también es eso: ahorrar para tener que comprar un coche, pedir un préstamo al banco, pedir dinero a tu familia para pasar el fin de semana. Y querer escribir bien, querer ir adonde no va nadie, conocer gente. ¿Ahora qué hacemos? En la redacción cerrados, y hacer tuits, contar seguidores y jugar al famoseo. La popularidad es muy fácil de conseguir, el prestigio es muy complicado. ¿Periodista o personaje? Aquí es donde estamos ahora. Vendiendo mantas, chupetes, anoraks, entradas... Y haciendo la pelota al club para que no nos retiren los patrocinios. Todo esto se ha de reinventar. Hace unos días me entrevistaron unos chicos jóvenes en La Sotana, un programa donde te pimplas un vaso de ratafía y pasas un rato cojonudo. Pero, ¿y eso qué? ¡No se vive de La Sotana! Es una iniciativa muy buena, pero no vives. Hay que reinventarlo todo, y pensar primero con el periodismo y después en la cáscara.

Hay muchos discursos y debates sobre la crisis del periodismo, pero rara vez se explica que hay una generación de periodistas que han vivido de puta madre. En la última década El País ha hecho un descenso brutal de calidad y de popularidad, ya no es una estructura de estado ni un símbolo como lo fue en su momento, y no representa estas convicciones que tú estás contando. ¿Cómo encajas estas convicciones y este camino que crees que hace falta para rehacer el periodismo trabajando en El País?

Sufriendo. Para qué negarlo. Antes eras de un medio, ahora trabajas en un medio. Y no sólo en El País. Yo en 1986 estaba en el Avui, y cuando me ofrecieron trabajar en El País no me lo pensé ni un momento, trabajar aquí era un signo de distinción. Y mira que tuve que repasar léxico, sintaxis y ortografía en castellano porque yo había trabajado siempre en catalán; y ahora paradójicamente lo he tenido que hacer al revés para escribir en catalán en el Quadern. Pero vaya, que la crónica en El País es para toda España, debe servir para todos, y eso es un ejercicio profesional muy rico, este diario me ha dado una mirada honesta - ya sabemos que la objetividad no existe - pero ahora hemos acabado haciendo prensa de club. Muchos nos hemos equivocado mucho. Ahora el diario ya no sabes quién es el dueño, son propiedad de los fondos de inversión, no hay referentes y los periódicos están endeudados y en manos de los acreedores. No tenemos referencias, no sólo El País, sino en muchos medios, y esto crea tensión. Tengo 58 años y estoy en la puerta de salida. Me lo he pasado muy bien, pero he perdido. Los jóvenes piden paso, a mí me apetece irme a Perafita y leer, ver y hacer cosas que no tienen nada que ver con lo que estoy haciendo ahora. Soy un derrotado.

¿Pero falta poco para que pase esto?

Sí. Yo creo que falta poco. No sé si me volveré a El 9 Nou, no sé qué haré.

Es paradójico que alguien como tú que eres maestro para muchos periodistas y también reconocido por los lectores como EL cronista del Barça de las últimas décadas te sientas un derrotado.

Hemos mandado durante un tiempo y los periódicos creen que ya hemos cumplido nuestra etapa, yo sólo aspiro a que me hagan caso, esto no consiste en gestionar "la página de Ramon". Mientras yo sea redactor jefe de la sección de deportes de Catalunya, a mí me duele en el alma cuando no me gusta la sección que hacemos, porque considero que estoy faltando a mis convicciones. Es necesario que haya cambios, yo también entré aquí haciendo el relevo a gente, y estoy muy orgulloso de aquella sección de los 90 y 00 con Sergi Pàmies, Vázquez Montalbán, Enrique Vila-Matas, Guillem Martínez, Enric González... Aquello tenía valor periodístico, ahora las cosas son muy diferentes. El valor de lo que yo puedo aportar interesa relativamente a la empresa y en el diario. Lo que me pasa a mí, al fin y al cabo, le pasa a mucha otra gente. Tengo ganas de ser espectador, quizás he de redefinir mi rol y que yo pueda hacer lo que me gusta y que esto también deje satisfecho al diario. Si no, me iré a Perafita a disfrutar de la vida, lo tengo clarísimo, yo ya lo tengo todo hecho en este sentido: no tengo hipoteca, he pagado las deudas, mi hijo vive feliz con su pareja y ha volado del nido... Y pienso que tal vez me toca hacer otras cosas, tengo mis dudas.

En esta situación donde el Barça está alejado de quien la explica y donde los periodistas no pisan la calle, ¿se pierde la posibilidad de crear un relato extradeportivo del club?  ¿"El ejército desarmado de Catalunya" de Vázquez Montalbán o el "més que un club" que quiso impulsar la junta de Laporta son imposibles con esta frialdad de gabinete de prensa?

Hay que rehacerlo. El Barça tuvo un relato pero no tenía marca, sólo un relato bonito, literario y romántico, porque no ganaba. Tenía gran parte de victimismo, hasta que comenzó a ganar y comenzó a construir una marca, y casó relato y marca durante un tiempo, lo que el Madrid no tenía. El Madrid no ha tenido relato, sólo ha ganado, el Madrid cuenta su historia a partir de la fundación de la Copa de Europa, antes no hay nada, sólo está la gloria de ganar y ganar. El Barça ha llegado a un punto en el que debe saber gestionar relato y marca, y desde hace un tiempo creo que el Barça tiene un gran equipo y es potente como empresa pero no tiene identidad de club. Entonces, yo creo que la actual directiva debe volver a dar vida al club.

¿Es una directiva gestora? ¿De estadistas?

Sí, y a muchos socios esto ya les gusta, quieren gestores que no se metan demasiado en política ni en polémicas, y que salgan los números. Delegan el trabajo a ejecutivos, pero yo creo que el Barça debe tener un relato como club y que hay que rehacerlo. El debate de las estelades, por ejemplo. La junta directiva quiere quedar bien con todo el mundo, con las instituciones futbolísticas y con los aficionados. Si quieres quedar bien con todo el mundo tiene problemas, en cambio la directiva Laporta tenía declaraciones de intenciones inequívocas, y la sensación es que la junta quiere hacer una contrarreforma. El Barça siempre ha tenido directivas que reflejaban la sociedad: la industria textil, la construcción... Y Laporta gana a Bassat, que tenía una candidatura donde estaban todos los poderes representados: el poder económico con Salvador Alemany de Abertis, el poder político con Miquel Roca Junyent, Pep Guardiola que era un símbolo del Barça y un presidente institucional como era Bassat. Fue una cierta revolución esa victoria, y ahora hay un momento de indefinición, de no saber cómo encontrar la singularidad dentro de la globalidad, de debatir si Qatar puede ser o no patrocinador.

Entonces, ¿crees que la actual directiva ayuda más a una cierta homogeneización del Barça en un mercado global?

 Hay una cierta inercia, se conforma con cuadrar presupuestos y tener a Messi contento, falta idea. Guardiola tenía el club en la cabeza, por ejemplo. Se puede estado de acuerdo o no con su intervencionismo y su poder, pero él pensaba en el club. Y Luis Enrique piensa en el equipo. Bartomeu apaga fuegos, pero cuando él sale a hablar no hay esa sensación de "¡silencio! ¡Habla el presidente del Barça! ", ni tampoco autoridad moral o colectiva. Es una gestión muy ESADE, de gestores, que les da igual llevar un negocio de neveras o de globos aerostáticos. Y el fútbol necesita un gas sentimental que es muy importante. Y ahora sólo puede ser presidente quien tiene mucho dinero.

Hace muchos años que sigues el Barça y tú eres uno de los cronistas que ha creado relato del club en los últimos 30 años. ¿Cuáles son los pilares en el césped y en los despachos de este relato?

En el césped está muy claro que el factor diferencial es Cruyff, que convierte una idea de fútbol que era perdedora en una idea ganadora, heredero de la Hungría de los 50 y el Ajax de los 70. Esa idea la desarrolla extraordinariamente bien Guardiola, porque introduce método a la idea, y ahora la desarrolla Luis Enrique. Sabiendo que Rijkaard tuvo también un papel muy destacado como intérprete de esta idea. Y luego está el factor Messi, puede remitir a épocas como la de Kubala o Cruyff, donde parece que un jugador pueda sostener él solo el club entero. Y es muy puntual, porque el Barça siempre ha sido un club de entrenadores, de una idea de juego, la forma de jugar al fútbol. En cambio el Madrid gana y luego pregunta por qué y cómo.

Esto en el césped. ¿Y los despachos?

La gran explosión de esta manera de hacer, y para ligarlo con la parte de club, es cuando el podio del balón de oro lo pueblan Messi, Iniesta y Xavi, que representan la conexión con Cataluña, España y con el mundo global, una coreografía perfecta. ¿Por qué esto ocurre en el Barça y no en otros clubes? Messi en Argentina no hace lo mismo que el Barça, porque Messi domina el solfeo. Como en una buena banda de jazz, los solistas improvisan a partir de un solfeo, y nadie improvisa sin una base. En Argentina hay intérpretes, pero no hay solfeo, y el solfeo se aprende en La Masia. Este es el valor a conservar. Ahora tienes intérpretes excelentes, que quizá tardarás mucho en encontrar de nuevos, pero el solfeo persiste. La clave no es encontrar otro Messi, no lo encontrarás, pero la banda tiene que seguir tocando. Y esto es un modelo de club.

¿Cuáles son los nombres propios de este modelo?

Núñez ordena el Barcelona, le pone orden a nivel empresarial, él es el representante del ladrillo, un constructor que sabe de dinero. Núñez se olvida del fútbol, para mí es similar a Florentino Pérez ahora, que ve sólo los elementos mercadotécnicos y percibe los futbolistas como estrellas del pop. Y aquí es donde empezó la decadencia del Barça, cuando Núñez vende Ronaldo al Inter de Milán. La junta de Laporta es un golpe de efecto, sobre todo con UNICEF, que hace que el Barça sea el club de los niños, que identifican el fútbol con un juego, y con un elemento que te devuelve a la infancia. ¡Además ganas! Y construyes la marca y el relato de más que un club. Y el Barça de Laporta es desacomplejado, valiente, sin dobles discursos.

Pero también acaba despeñándose.

 De repente la gestión de estos activos se hace mal, Laporta se despeña y se queda sin relieve. Y volvemos a la contrarreforma: seny i rauxa, azul y grana, Cruyff sí y no, Guardiola y Tito. El Barça nunca gestiona bien sus activos. El Barça ha tenido los mejores jugadores de la historia a excepción de Di Stefano y Pelé. Y no lo parece! Cuando Maradona y Ronaldo venden en Barcelona no parece que hayan jugado aquí, Samitier fue defenestrado, Cruyff se fue y volvió, Guardiola ahora vuelve y lo miran como a un traidor ... En fin, una prueba de madurez sería hacer un acto reverencial a Guardiola, y hay gente que lo odia y lo insulta.

Muy catalanet todo.

Sí, totalmente, representa un catalanismo ramplón, acomplejado y tacaño, que tiene falta de grandeza. Los jóvenes se abren al mundo y miran hacia afuera, en cambio aquí Rexach se ha pasado toda la vida en un metro cuadrado, y si Guardiola se va a ver mundo le ponemos mala cara.

Por último, te pido que escojas una palabra.

Trempar (desear algo, cuando algo te pone). Trempar es lo más importante en la vida, y no sólo en la cama. Te pondré un símil que yo digo muchas veces. Yo me crié con mi abuela, que estaba apopléjica desde los 50 años, y viuda. Un día le pregunté cómo es que siempre estaba tan contenta conviviendo con la fatalidad, y me dijo: "cada día, cuando apago la luz y me voy a dormir pienso que hay un minuto de mi vida que no cambiaría para nada. Si son dos, aún mejor. Y si es una hora ya ni te cuento". Pues creo mucho en esto, encontrar un momento para ti cada día, menos uno. Puede ser cualquiera, hoy puede ser esta entrevista que hemos hecho, o la comida que me pegaré hoy en la Boqueria con unos cuantos compañeros a quienes nos acusan de ser guardiolistas anti sistema. Trempar, trempar por algo.

Text: Oriol Soler

Fotografies: Adrià Calvo

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