Núria Iceta: “Fortaleciendo el sector y haciendo crecer el conjunto de lectores haremos crecer nuestras editoriales”

Núria Iceta (Barcelona, 1968) estudió historia, pero se considera gestora cultural. Desde 1998 forma parte de la familia de L’Avenç, una editorial independiente que actualmente dirige con el historiador Josep Maria Muñoz. La revista L’Avenç nació en 1977 a iniciativa de un grupo de estudiantes universitarios que se inspiraron en la publicación modernista L’Avens de finales del siglo XIX. Además de ser una revista histórica y abierta a los campos plurales y diversos de la cultura, L’Avenç también es desde 2007 un sello editorial con un catálogo atrevido y muy determinado. Núria Iceta nos recibe en la sede de la editorial, que se exhibe como un escaparate de los 40 años de su existencia. Portadas antiguas, carteles históricos, y premios y galardones tan relevantes como la Creu de Sant Jordi y el Premi Ciutat de Barcelona de Mitjans de Comunicació.

Este año la revista y la editorial L’Avenç celebran 40 años y 10 años respectivamente. Empecemos hablando de la revista, ¿qué balance crees que debe hacerse 4 décadas después de su creación?

Yo digo que nosotros somos devotos de la santa continuidad. Porque cuarenta años te permiten haber hecho una evolución muy grande. Los queremos celebrar, pero no es una celebración de pasado sino que también lo es de presente y de futuro. La gracia de L’Avenç ha sido que por un lado ha sido muy fiel a sus raíces, a lo que quería hacer, pero lo que quería hacer en cada momento. Es decir, que también se ha querido adecuar a la realidad y a sus lectores. Por eso hablamos del proyecto cultural de L’Avenç, porque más allá de una revista, cuando nació y también ahora, nacía con una vocación de servicio público. Los 4 fundadores tenían claro que necesitaban una herramienta para transmitir los conocimientos que se habían silenciado durante la Guerra Civil y los 40 años de dictadura. Por eso los primeros números estaban muy dedicados a la historia. Pero, en realidad su vocación, y por eso se llamaron L’Avenç, era recuperar la cabecera modernista de finales del siglo XIX. Por lo tanto, cuando ellos hablaban de historia en 1977 y nosotros lo hacemos ahora, no es únicamente una historia de hechos o de memoria, sino que es con una visión mucho más amplia sobre el conjunto de las humanidades.

¿La evolución de la revista, que con el paso de los años pasó de ser una publicación centrada a recuperar la historia del país a ser una revista que profundiza en muchos ámbitos culturales, sigue el proceso que Catalunya ha seguido como país?

Yo creo que es una evolución de la necesidad del país. Ahora cualquiera de nosotros puede acceder a información sobre qué fue la Mancomunidad. En 1977 no. Aunque sea diferente, el objetivo es el mismo. ¿Qué podemos hacer de diferente ahora de 1977? No podemos ir repitiendo todo lo que hemos explicado. En cambio, interpretar el pasado o el presente con las herramientas de hoy en día creo que se puede hacer de otras maneras. Y de hecho ya lo hacían los modernistas. Lo único que estamos haciendo es mantener esta voluntad pero presentándola de otras maneras. En el mes de marzo publicamos un artículo sobre La La Land. No encontrarás en ninguna parte un artículo mejor sobre esta película. No porque lo haya escrito una buena crítica de cine, que lo es, Imma Merino. Sino porque además dispone de un espacio que no dispone en cualquiera otro medio. No te pueden hacer una visión de conjunto sobre la película. Todo el abanico de información de contexto que ofrecemos al lector creemos que no se puede encontrar en ninguna otra parte y que es tanto historia, de nuestra manera de entenderla, como lo es explicar la obra de la Mancomunidad. Porque todo son aspectos de una misma sociedad.

En una entrevista a El País, Josep Maria Muñoz decía que L’Avenç ha enfriado la idea de crear debate cultural. ¿Estás de acuerdo en que la revista ha perdido esta parte de generar debate y se ha centrado más en la crítica cultural?

Yo te he explicado el inicio y el final de L’Avenç, pero creo que él se refería al mientras tanto. Los fundadores, en 1977, empezaron explicando su visión de la historia. E inmediatamente empezaron a surgir debates historiográficos sobre la Guerra Civil, la Dictadura, etc. Yo creo que se refería a esto. A nosotros nos parece bien, y de hecho, de vez en cuando todavía hay debates de este tipo. Lo que pasa es que teníamos claro que debíamos evitar hacer debates internos, de la Academia, de un historiador contra otro. Porque ya hay plataformas académicas que lo hacen. Los debates en este sentido deben producirse en la universidad. Nosotros queremos hacer una revista para el lector, y creemos que no es lo que más le puede interesar. Y en este sentido, a diferencia de antes traducimos artículos de otras revistas internacionales. Esto, sí que interesa, y que haya debates alrededor de esto. Pero que haya debates sobre historiografía creo que interesa sólo a los historiadores.

Entiendo que el lector quiere leer sobre la actualidad, sobre aquellas cosas que están a la orden del día y que pueden condicionar el futuro. Por ejemplo, la situación política actual.

Sí. De hecho, el número que celebra los 40 años habla de las relaciones entre Catalunya y España. Y es un tema que es recurrente en la historia de L’Avenç. El número 100 hablaba de esto, el número 200 también hablaba de esto, y el 300 también. Podrías reseguir la historia de L’Avenç a través de su enfoque sobre este tema, que finalmente consideramos que es el tema que condiciona nuestra situación social, política, y muy a menudo, incluso cultural. Es decir, que los debates del presente también están. O por ejemplo, a través de la literatura. Cada año tenemos un escritor invitado que hace un relato mensual, y que muy a menudo, el año siguiente se reelabora y se presenta en formato de libro. El año pasado, Adrià Pujol, hizo un relato sobre los barceloneses. Esto tiene un valor actual para la gente de Barcelona pero también tendrá valor 10 o 20 años más tarde porque  se podrá ver la visión de lo que es Barcelona hoy en día. Es como un poliedro de cosas que vamos aportando.

A menudo se asocia L’Avenç con The New Yorker. ¿Os sentís un poco así, el The New Yorker catalán?

Ostras, a mí me gustaría mucho (ríe). Sí. Mi religión no me lo permite decir. Es que estamos hablando de ligas muy diferentes. A ver, aquello es un semanario, es letra, letra, letra. Y también es otra cultura, de gente muy acostumbrada a leer. Yo considero, por mi evolución dentro de la casa, que ahora ponemos mucha ilustración, y hay poca. Pero esto, al The New Yorker le parecería un tebeo, porque ellos tienen letra y letra pequeña. Quiero decir que todo ello es diferente. ¿En qué reconozco que nos asemejamos? Pues, en esta voluntad de ser presentes y un presente activo cultural, y en qué es muy importante cuando alguien consigue publicar al The New Yorker. Pues, a pequeña escala, también pasa que los escritores catalanes cuando llega septiembre empiezan a especular sobre quién será el escritor invitado de L’Avenç del próximo año. Y esto mola. Porque quiere decir que hemos conseguido que interese a gente algo más joven. No pretendemos que sea para adolescentes pero sí que es verdad que permanentemente tenemos que hacer el esfuerzo de renovar el público. L’Avenç es una revista para gente que lee. No podemos engañar a nadie. Tienes que leer. Pero es que hay mucha gente que lee, y gente joven.

Ahora que hablas del público de L’Avenç, se le suele asociar con un colectivo culto y universitario, e incluso elitista. ¿Es intencionado o es algo con lo que tenéis que combatir permanentemente?

No, no. A nosotros nos gustaría que fuera realmente una revista para mucha gente. Es decir, la revista está pensada para el lector. Y este lector habita en lugares muy diferentes, en clubes de lectura, para gente de la universidad, etc. Para gente que lee mucho, y que lee bien, y que interprete y piense y vaya más allá de la propia letra. Nuestra misión es que llegue a mucha más gente de la que llega, no nos podemos quedar con los que ya tenemos. Es verdad que hemos podido mantener este colchón de lectores que nos sigue, pero somos mucho más ambiciosos que esto. La gente que va al teatro, que va a exposiciones, que mira determinados programas de televisión, etc. L’Avenç también es para ellos, y todavía no lo saben. Tampoco tiene que interesarte todo lo que dice L’Avenç desde la primera página a la última. Es como los libros. La revista y los libros tienen un sentido en su conjunto. No quiere decir que todos te gusten. Creemos que hay muchas piezas del poliedro que tienen sentido pero que no tienen por qué interesarte todas.

¿Qué tirada tiene actualmente L’Avenç?

3.000 ejemplares.

¿Con el paso de los años, ha aumentado, se ha mantenido o ha disminuido?

Uy, no. Cuando empezó creo que hicieron unos 10.000. Una pasada. Pero, claro, era un momento en que no había nada. No había publicaciones culturales como L’Avenç. Bueno, Serra d’Or y... Por lo tanto, hacían unas tiradas muy grandes. A lo que no hemos renunciado nunca, a pesar de que nos haría ahorrar mucho dinero, pero no hemos querido hacerlo, es salir a quiosco. Este es un debate eterno. Teniendo en cuenta el país, la situación, la lengua y el ámbito lingüístico en que se pública L’Avenç, podríamos haber decidido que se distribuyera por suscripción. Yo esto, me veo capaz de explicarlo. Pero también, hay buena parte, tanto en mi socio como en mí, de terquedad.

En este sentido, ¿os pesa un poco el romanticismo y el peso de la historia de L’Avenç?

Romántico y no romántico. O sea sí. Pero necesitamos visibilidad también. Yo no puedo conscientemente renunciar a un punto de venta, a un escaparate.

¿A pesar de que, como acabas de decir, te haga perder mucho dinero?

Claro, y mucho más que podría perder. Porque vamos a quioscos, pero no a todos. Y no los inundamos con 100 ejemplares. Porque nos los comeríamos con patatas. Tenemos que encontrar un punto medio. Y creo que nuestro punto de venta natural es el quiosco, pero el quiosco de pie de calle, las librerías y las suscripciones. Además de las ediciones electrónicas que hacen que se pueda leer en cualquier lugar del mundo. Esto ha facilitado mucho el trabajo.

Hablábamos de los 40 años de L’Avenç, pero, este año también hace 10 años que decidisteis convertiros en editorial. ¿Por qué?

L’Avenç siempre había querido hacer esto. De hecho, ya habíamos hecho algo antes.  Había habido dos colecciones de ensayo histórico. Nosotros no pudimos empezar a hacerlo de manera regular hasta 2007, y lo hicimos con sólo 3 libros. Hasta que cada vez ha sido una parte más importante de nuestra actividad, porque suma piezas en este poliedro. Y ahora tenemos estas dos líneas de ensayo y de literatura, que a pesar de ser diferentes tienen también vasos comunicantes. Y con la revista también. Además, hace unos años hicimos un documental, hemos hecho alguna exposición, algunas conferencias, etc. Todo lo que sea producir contenidos culturales con esta visión amplia sobre la historia y la voluntad de explicar la realidad la tendremos siempre presente.

Mantenéis una revista en papel, en catalán, de historia, y sois una editorial independiente que publica en catalán y que tiene un catálogo muy determinado y atrevido. ¿Es sostenible este modelo?

Esto sólo se aguanta por autoexplotación (ríe). No sé si queda muy bien decirlo, pero creo que es la realidad y que es absurdo explicar otras historias. Esto es una empresa muy pequeña, somos cuatro personas, dos de las cuales somos Josep Maria y yo, que somos los socios, y nos dejamos la piel. También es verdad que contamos con muchos colaboradores. La mayor parte de los artículos de la revista no los escribimos nosotros, y los libros, evidentemente, tampoco. Estoy contenta, porque por un lado, lo podemos hacer, pero me gustaría tener muchos más recursos y por lo tanto poder llegar a mucha más gente. Pero la situación es la que es y es un pequeño milagro.

¿Ayudas de las instituciones públicas, por ejemplo? ¿Puede parecer contraproducente que generadores de cultura y garantes de la lengua en un país tan particular como el nuestro no recibáis apoyo de las instituciones, no?

Sí, yo creo que en determinados aspectos las instituciones podrían hacer un trabajo mucho más subsidiario. Creo. Es decir, está bien que la administración haga una programación cultural en el Palau Robert, o en la Virreina, o en el Born... Está bien. Pero, ¿no tendría sentido, también, que encargara esto a los agentes culturales? Porque sería una manera de apoyar y también de mostrar la diversidad del país. Que no nos encontremos que ellos estén haciendo un gasto sobre sus equipamientos, de los cuales nosotros no nos  beneficiamos, y nosotros estemos luchando para intentar hacer llegar este mensaje o esta propuesta cultural a la ciudadanía. Es cómo que  estamos yendo los dos pero no nos acabamos de encontrar. Creo que  tendría que haber mucha más colaboración entre administraciones y empresas culturales. Y también entre los mismos agentes culturales. Nosotros esto lo hemos defendido mucho y lo estamos aplicando. Hemos colaborado siempre mucho, tanto con la asociación de revistas como por ejemplo con la asociación Llegir en Catalá que hemos creado los editores. Porque creemos que este país, que nos gusta tanto, pero que es tan pequeño, si no colaboramos, estamos muertos. Entonces, en estos momentos nos es más fácil colaborar con otros que con las instituciones.

Esto te quería preguntar, ¿el colectivo Llegir en Català, hace un poco el trabajo que tendrían que hacer las instituciones?

Nosotros nos encontrábamos que había una asociación de editores en lengua catalana, de la cual todos formamos parte, que hace de interlocutor con las instituciones con los grandes temas, que está bien, pero que es muy limitada. Nosotros hemos hecho un salto muy grande sobretodo mental, de compartir información, de no tener miedo a la competencia. Y hemos roto estos tópicos. No vemos donde está el límite de nuestra colaboración.

Claro, desde fuera, esta colaboración puede parecer arriesgada para cada editorial, por el hecho de que competís entre vosotros en un mercado muy pequeño y concreto.

No, no lo creemos en absoluto. Por un lado, es cierto y creo que fuera bueno que dentro del sector editorial hubiera más editoriales fuertes, o medianas. Tienes un gigante que se lo ha comido absolutamente todo, y después tienes un montón de otras editoriales. Hay alguna editorial mediana y muchas de pequeñas. Creo que esto está un poco desproporcionado y estaría bien que hubiera más editoriales medianas. Nosotros lo hemos intentado algunas veces de unir fuerzas con otros editores, incluso a nivel empresarial. Pero mientras esto no llega...

¿Y por qué no llega?

Porque en el fondo todo el mundo quiere hacer lo que quiere. Nadie quiere que le digan lo que tiene que hacer. Todo el mundo quiere hacer la suya. Pero mientras esto no llega y cómo nosotros creemos que esto es posible, lo que hacemos es colaborar de otras formas. Creemos sinceramente que fortaleciendo todo el sector y haciendo crecer el conjunto de lectores haremos crecer el conjunto de nuestras editoriales.  Esto, aparte de ser una creencia filosófica, lo vemos. Ahora nosotros, somos más fuertes que hace tres años. Hay muchos aspectos, pero también hay el hecho de haber podido salir más a la calle. Nosotros somos cuatro. Yo no puedo ir a todas partes a explicar L’Avenç, entonces Llegir en Català, me ha obligado a salir más porque hemos salido a la calle, hemos ido a ferias, etc. Y además, el hecho de romper esta barrera mental de la competencia nos ha hecho que se nos vea de una manera más positiva y que realmente nos hayamos enriquecido los unos a los otros por el intercambio de experiencias. Porque yo he aprendido mucho de mis compañeros.

Vivimos en un momento en que todo el mundo se atreve a publicar y en que la calidad ha dejado de ser importante. Sólo hay que mirar Sant Jordi. ¿El valor de editoriales pequeñas e independientes como la vuestra es mantener una cierta calidad que las grandes editoriales no tienen en cuenta?

Rotundamente sí. Pero, por un lado, las editoriales como la nuestra nos caracterizamos por tener muy clara la vocación. Si vas a Planeta, no sé qué misión deben tener.

Vender libros, ¿no?

Claro, pero venden libros con los medios con los que venderían otras cosas. Y lo hacen bien, lo hacen muy bien. Nosotros hacemos otra cosa. También queremos vender libros, pero antes de vender libros tenemos una misión. Esto por un lado, después, el compromiso de los editores está ahí. Mientras que en una editorial grande, hay mucha gente que trabaja, y hay muchos buenos editores que trabajan muy bien, pero no hay un compromiso personal con aquella misión. Y después hay otro aspecto que me parece importante. Y ahora sí que hablo como Llegir en Català, trabajamos con unos criterios profesionales que me parece que no son despreciables hoy en día. Me refiero al respecto a los traductores, a cuestiones como donde producimos nuestros libros, con qué medios, a la calidad, al respeto que creo que tenemos con todos los agentes, la relación que tenemos con el librero, o con el bibliotecario. Es una manera de trabajar que en las editoriales grandes es imposible de hacer, aunque quieran, porque no podrían alcanzarlo. De alguna manera, creo que integramos a todos los agentes con los que trabajamos en este proceso de edición.

Para acabar, te pido que escojas una palabra.

Compromiso. Yo creo que es el resumen de lo que te he intentado explicar. Para mí L’Avenç es un compromiso personal y profesional. Y es un compromiso ético con el resto de agentes que forman parte del sector del libro, un compromiso con el lector, con el país.

Texto: Pau Franch

Fotografías: Adrià Calvo

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