Matilde Martínez Sallés: “Puedo dar la cara por cada libro que he publicado”

Matilde Martínez (Terrassa, 1948) es una entusiasta de su trabajo. Hace cuatro años puso en marcha Godall Edicions, una pequeña editorial independiente que ya cuenta con una veintena de libros publicados entre sus cuatro colecciones: narrativa y poesía, tanto en catalán como en castellano. A lo largo de la entrevista, Matilde nos explica en detalle la historia de casi todos los títulos que ha publicado, y que ha traído a nuestro encuentro para ilustrarnos. El resto, los ha encontrado en las estanterías del Espai Contrabandos, la pequeña librería independiente gestionada por la cooperativa Pol·len Edicions, donde hemos hecho la entrevista. Un marco espléndido para sellar una conversación más que interesante.

Hace muy poco publicasteis el décimo libro de la colección de poesía en catalán, y por lo que tengo entendido tenéis pensado convocar algún acto especial. ¿En qué consistirá?

La idea es celebrar que tenemos diez libros de poesía en catalán, ya que a mí me parece que es un hito importante. Estamos muy contentos. Normalmente hacemos presentaciones de un libro con un solo poeta. Esta vez, haremos presentaciones conjuntas e intentaremos reunir a cuatro o cinco poetas de los diez que salen en la colección y leer fragmentos de los diez libros. Invitar a alguien de fuera, también, para que aporte su punto de vista. Además, a mí me gustaría que fueran diez espacios diferentes. Que no sean librerías. El objetivo es que más público nos conozca. Centros cívicos, institutos, mercados, etc. Lugares donde no es tan habitual hacer presentaciones poéticas.

No es la primera vez que organizáis actividades relacionadas con la poesía o la literatura. ¿Cómo surgen estos espacios de encuentro?

Salen, en primer lugar, porque a mí personalmente es quizás la parte que más me gusta del trabajo editorial. Yo pienso que tendría que ser dinamizadora cultural, más que editora (ríe). Es la parte que más me gusta. Inventarme actos para compartir la cultura con la gente. También salen porque gente que colabora con nosotros tiene ideas, se crean sinergias, etc. Por ejemplo, este año ya hemos hecho la Tercera Trobada de Poesia i Terrissa. Esto salió un poco por casualidad. En el pueblo del lado del pueblo de Godall, en el Montsià, hay un alfarero, el único tradicional que queda en la comarca, con el que somos amigos. Le dije que la colección de poesía se llama Cadup (alcaduz), que es una de las piezas que él hace en su taller y que me gustaría hacer recitales de poesía en su taller, y él me dijo que le parecía perfecto y que mientras se hicieran los recitales él haría alcaduces. Y a partir de aquí salió la idea. Por lo tanto, mientras él va haciendo piezas de barro, los poetas recitan.

Hablemos del comienzo de todo. Godall Edicions es una editorial muy nueva, sólo hace cuatro años de su primera publicación. ¿Cómo surge exactamente la idea de comenzar este proyecto?

Yo era profesora en un instituto y, además, trabajaba de freelance para una editorial que publica libros de didáctica de la lengua extranjera. Y me gustaba mucho ver el trabajo editorial que se hacía. Parecía un proceso mágico. Me di cuenta que mucha gente de aquella editorial tenía una editorial paralela para hacer las cosas que a ellos les gusta. Y un compañero, que había montado una editorial, me dijo que por qué no hacía yo una y trabajábamos conjuntamente. Me animó y me pareció buena idea. Resulta que cuando ya lo tenía todo montado él tuvo que dejarlo y me quedé en la estacada con mi editorial. Y decidí lanzarme.

Cuatro años más tarde, ¿qué balance haces?

Por un lado, está el balance económico, y en este aspecto, todavía es muy difícil. Cuesta mucho. Todavía es difícil encontrar el equilibrio entre lo que se ha invertido y el retorno que tendría que tener. Económicamente estoy aprendiendo. Y todo el mundo dice que tiene que pasar mucho tiempo hasta que no se empiezan a ver los beneficios, que son poquísimos en el mundo editorial. En las editoriales pequeñas, lo que tienes que conseguir es no perder dinero. Que sea sostenible y ya está. Que unos libros  generen otros libros. De momento, esto todavía está al límite. Por otro lado, en el ámbito intelectual y literario, el balance es muy positivo. Yo creo que estamos haciendo libros muy bonitos, en los que creemos. La gente también empieza a creer en la editorial. El mensaje está empezando a llegar. Y después, todos estos actos culturales, relaciones con librerías, autores, otros editores, es muy enriquecedor, porque encuentras a gente muy interesante de la que aprendes mucho.

A menudo hablamos de editoriales pequeñas e independientes. ¿Cómo se hace la distinción entre editoriales independientes y no independientes? ¿Dónde está la línea? ¿Es un tema económico, intelectual, empresarial?

Independiente quiere decir que no depende de ningún grupo editorial. Porque, actualmente hay muchos sellos que dependen de Planeta. Tienen otros nombres, pero en el fondo tienen el capital de Planeta u otros grandes grupos detrás. Por lo tanto, tienen unas líneas editoriales muy marcadas y tienen una política de Best Sellers que generan mucho dinero. Se invierte mucho dinero y se gana mucho dinero. Y tienen muchas páginas culturales en los periódicos, suplementos culturales, etc. No directamente, pero lo tienen... Estas son las no independientes. Después están las falsamente independientes, que van de independientes pero detrás tienen un grupo editorial, y cómo queda bien crean un sello independiente y le dan libertad para que hagan lo que quieran. Pero detrás tienen a un grupo. Cuando piden subvenciones, no lo hacen ellas, las piden sus grupos, y por lo tanto, pueden decir que el número de lectores y el número de tirada son mucho más grandes, y por lo tanto, pueden acceder a muchas más subvenciones. Estas para mí son las peores. Finalmente, están las independientes, y aquí hay las independientes medias y las pequeñas. Entre las medias, algunas se han agrupado y han hecho un tipo de lobby, por ejemplo, Llegir en Català. Yo lo que les critico y se lo he dicho y lo saben, es que ellos no pueden decir que hablan en nombre de las editoriales independientes. Ellos son un lobby que se han agrupado con unas características, pero han dejado fuera otras muchas.

¿Esto quiere decir que Godall Edicions quiso entrar a formar parte de Llegir en Català y no se le permitió?

No me lo negaron, pero me dijeron que tenía que sacar un libro cada mes, que tenía que ser narrativa y no poesía... O sea, una serie de características que Godall Edicions no puede cumplir. Son amigos, nos conocemos, y ellos ya conocen mi opinión. Yo lo único que digo es que no hablen en nombre de todas las editoriales independientes. Que hablen en nombre de su lobby. Pero que no sean el portavoz de todas. A mí no me representan. No lo digo con acritud, ni con mal rollo, ni nada. Además, yo soy consumidora de los libros de Llegir en Català. Me gustan mucho.

Del mismo modo que ellos han creado este lobby, ¿la gente que os habéis quedado fuera no habéis pensado de hacer exactamente lo mismo?

Sí, sí. Y tanto que lo hemos pensado. Pero como vivimos en un mundo tan atomizado... Yo particularmente pienso que nos tendríamos que unir todos los independientes, independientes. Porque, aparte, hay otra cosa. En este sentido, también hay el gremio de editores, que para ser socio te piden unas características que las editoriales pequeñas no podemos soportar. Por ejemplo, tienes que pagar 700 € el año... No podemos. Yo un día hablé con una de las dirigentes del gremio y le expuse mis dudas. Le dije: “No podéis poner en el mismo gremio a un crucero y a una lancha”. No tenemos los mismos intereses, ni hacemos lo mismo. En cambio ellos nos quieren agrupar a todos, pero haciendo todos lo mismo. No puede ser, no tenemos los mismos intereses. No podemos pagar lo mismo. Me dijo que nos teníamos que unir, etc. Llegir en Català, por ejemplo, está como grupo. Por lo tanto, yo cuando he hablado con las editoriales pequeñas, que somos muchas, y les he propuesto hacer algo parecido, la gente me ha dicho que sí... Pero, ¿cuál es el problema? Que hay que ponerse. Tienes que llamar a gente, hacer unos estatutos, etc. Y eso es mucho trabajo. No hay otra solución. Los pequeños, pequeños nos tendríamos que unir. Sin trabas, sin barreras, etc.

Cuando decides publicar un libro, ¿eres consciente del riesgo económico que conlleva?

Sí, totalmente. Lo asumo. Yo, si me he puesto a hacer libros a la edad en que me he puesto no es para estar haciendo cosas que gusten al mercado. No es para hacer cualquier cosa. Me he puesto a hacer libros por hacer cosas que me gusten. Por lo tanto, es evidente que hay un riesgo económico. Y una presión. Pero tengo muy claro que haré los libros que a mí me gusten y si un día no funciona, cerraré la parada. Lo tengo clarísimo. Yo no quiero cerrar, ¡eh! Yo quiero que esto tenga continuidad. E incluso quiero que se dedique alguien a ello, que genere suficientes beneficios para crear uno o más puestos de trabajo. Pero no quiero hacer cualquier cosa. Es verdad que hago libros que en algunos casos no son nada comerciales. Otros lo son un poquito más. Cuando los hago, yo creo que tienen salida. Y otros que nos pensábamos que no tendrían interés, lo han tenido. Por lo tanto, también pasan cosas extrañas, que son muy interesantes.

El hecho de ser una editorial independiente económicamente, como decíamos antes, te permite tomar estos riesgos...

Exacto. Esta es la parte buena de tener una editorial independiente. Tú con una lancha puedes ir a todas partes. Claro, no puedes ir muy lejos, pero con poco carburante y ganas de ir, puedes hacer muchas cosas. Yo valoro mucho esta libertad. Por cada libro puedo dar la cara. Porque sé que me la he jugado y creo en ello. Esto es impagable.

¿Cómo seleccionas las obras que después acabas publicando? Me he fijado que la mayoría de autores son catalanes...

Difícil. Dices que los autores son catalanes... Al final son los que conoces más. Son los que te llegan de un modo más fácil. O un autor te habla de otro. Cada libro tiene una historia, pero en principio, algunos autores me han enviado los manuscritos, yo los he valorado y los he publicado. En otros casos, algunos autores me han hablado de otros autores, y como me han aconsejado autores en quienes yo confío, pues me fío. Son buenos asesores. Y otros... Cada uno tiene una historia. Una cosa tengo clara, yo quiero hacer libros que duren, no libros que pasan de moda. Que sean libros que dentro de tres años los pueda seguir defendiendo.

Supongo que una de estas historias interesantes es la que hace referencia al libro ¡Corre, papà, corre!, de la autora coreana Kim Ae-ran. ¿Cómo la descubriste?

Un amigo que había trabajado en Corea me dijo que en su país esta señora tenía mucho éxito, y que a él le gustaba mucho. Que explicaba muchas cosas de la juventud coreana y que era muy interesante. Me envió la referencia en francés e inglés, me los leí, me gustó, pensé que era muy interesante como escribía esta señora, muy diferente, me puse en contacto con su agente literario, y compramos los derechos. Fue así.

Número 1 en ventas en Corea con 1 millón de ejemplares vendidos. ¿Tienes la sensación de haber dado con la tecla?

Yo creo que puedo haber dado con la tecla porque es muy buena, sinceramente. Es buenísima. Ahora bien, tras ella, han venido otra coreana y un coreano del norte. Yo, a la otra escritora coreana, la Han Kang no la he leído, pero sí que he leído un cuento del coreano del norte y me gustó mucho. Pero creo que Kim Ae-ran es diferente. Es muy buena. Buenísima. En cambio, el eco que ella ha tenido no ha sido igual que el de los otros. Porque a los otros los han publicado dos editoriales que están mejor posicionadas, y los medios les han hecho más caso. Y esto me decepciona un poco. Porque muchos periodistas han leído los otros dos autores y no han leído la que hemos publicado nosotros. Porque si hubieran leído la nuestra y creyeran que son mejores los otros no diría nada. Yo creo que la nuestra es potentísima. No sé si nos ha tocado el gordo o no, pero, al menos, a mí me gusta. Y la traductora, que es la misma que tradujo a Han Kang, se alegró mucho cuando le pedí si me podía traducir el libro. También me dijo que Kim Ae-ran había sido disidente en su país hasta que hubo el impeachment de hace unos meses y se echó a la presidenta corrupta del país. Ahora ya la miran de otro modo. Por eso, ahora ya le hacen más propaganda internacional.

Me gustaría hablarte también del idioma. En Godall Edicions publicáis tanto en catalán como en castellano. ¿Fue algo pensado o ha ido surgiendo?

La idea era hacerlo en catalán. ¿Qué pasó? Pues que en el tercer libro de poesía, que es uno de los libros que tenía un riesgo brutal porque es latín-catalán, vi que era tan bueno, tan especial y llegaba tanto a la gente, que pensé que la traducción al castellano tendría recorrido. A museos, facultades, etc. Al museo de Mérida, al museo romano de Cartagena, etc. Hacerlo en castellano nos obligó a abrir una colección castellana, y la hicimos, porque no puedes tener sólo un libro en castellano. Y ahora  ya tenemos tres. Si abres una colección la tienes que continuar, si no los libreros y distribuidores no te hacen caso. Y con la de narrativa pasó más o menos lo mismo. Aunque, debo decir que es difícil entrar al mercado castellano, teniendo tres o cuatro libros por colección te hacen poco caso, y voy muy despacio. Fue porque pensé que algún libro tenía recorrido. Yo voy a golpes de intuición. 

Para acabar, me tienes que decir una palabra.

Albahaca. Porque me gusta el olor, me gusta el color, y me gusta el gusto.

Texto: Pau Franch

Fotografías: Albert Gomis

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